25 de abril de 2018

Dos estrenos






Estiu 1993

Dirección: Carla Simón
Guión: Carla Simón y Valentina Viso
España/2017



Esta joya presentada en el Bafici de 2017 es opera prima autobiográfica de la catalana Carla Simón. Película de niños, de alta densidad dramática, con dos actrices infantiles que asombran por su expresividad y capacidad de actuación.

Los padres de Frida (la asombrosa Laia Artigas) han muerto, y a ella la llevan a vivir con sus tíos y prima en una aldea de campo. Para la niña será el descubrimiento de otra clase vida, de una nueva familia, de la fraternidad con su prima (la encantadora Paula Robles), y desde su punto de vista, la manera de vivir la religión y la competencia. Todo un proceso de conocimiento y adaptación filmado con gran naturalidad, en largos planos que permiten la espontaneidad y el goce.

Verano 1993 es una película de Gestalt familiar, que habla con sabiduría de pérdidas y duelos, con un tono sobrio, seco, catalán diría, sin caer nunca en demagogias ni sensiblerías, para hablar de sentimientos, justamente. La película sostiene el punto de vista de la protagonista, y presenta el drama sin necesidad de explicitaciones. E impacta saber que se trata de una historia autobiográfica. Es inevitable el recuerdo de Ana Torrent, de Cría cuervos, de Sur: las niñas vienen de ese tronco cinematográfico.



Soldado
Dirección y guión: Manuel Abramovich
Argentina/2017


Rigurosa, impecable y significativa, la última película de Abramovich supera en mucho su opera prima, la premiada Solar. En poco más de una hora, este documental con elementos de ficción presenta las condiciones de un hombre joven que hoy ingresa en la escuela militar. Sin concesiones, pasa por los distintos entrenamientos, desde la primera revisión médica: -¿Por qué quiere ser militar? –Porque siempre me gustó. Y para hacer feliz a mi mamá.

Cómo hacer el saludo, o la venia, cómo tender las cama según el día de la semana, cómo cuidar las botas, aprender de memoria las partes de un arma, el entrenamiento físico, a todo pasa revista Soldado. Pero lo más llamativo es dónde se coloca la cámara: con primeros planos fijos del soldado, todo lo demás queda fuera de campo: el instructor, el compañero, los ambientes abiertos y cerrados, con algunas panorámicas de las prácticas físicas y de marcha. Presntada con cierta ingenuidad –en un país donde lo militar está ligado intrínsecamente a la represión y la muerte- la película no hace comentarios, no abre juicios, sobre todo plantea interrogantes tácitos sobre ese grupo humano, los militares, que después de la dictadura parecen tener como uno de sus objetivos más importantes aprender a tocar el tambor.

Josefina Sartora

24 de abril de 2018

Bafici 2018, última nota

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Actualidad del mito

Josefina Sartora

El cine siempre ha sido un excelente medio de expresión del mito, atravesando los diversos géneros: en el melodrama, la ciencia ficción, desde el cine de terror hasta el infantil, las distintas historias actualizan mitos atávicos que remiten a historias universales y conectan con el arquetipo. En un festival con más de 400 títulos (convengamos que unos cuantos son de relleno, están allí sólo para hacer número y no bajar de esa cifra mitológica) es natural encontrar en las distintas áreas y géneros algunas películas elaboradas a partir de mitos clásicos, que cobran una actualidad contundente, a veces política.


* En 1048 lunas una mujer frente al inmenso océano grita el nombre de su hombre. Otea el horizonte, sin desánimo. Se desnuda, ofreciéndose al mar y al crepúsculo. Otras mujeres gritan otros nombres masculinos: todas esperan el retorno de los guerreros. Hace muchas lunas (ojo: no confundir con lunes) que los hombres se han ido a la guerra y en la espera, las mujeres ejecutan distintas prácticas a manera de rituales. Así, sus movimientos resultan una danza, y su palabra se vuelca en cartas que serán arrojadas en botellas al mar.

Basada libremente en las Cartas de amor de Ovidio, la película de Charlotte Serrand (Francia/2017) evidencia su experiencia con Albert Serra en esa indagación en los mitos, el tratamiento minimalista, el amor por los tiempos muertos, los silencios expresivos. La líder de esas mujeres es Penélope, que espera a Ulises desde hace veinte años o 1.048 lunas, que ha contado una a una. Ella las estimula en su espera, y las impele a salir en busca de sus hombres. Serrand pone en escena el mito que Homero plasmara en la Odisea ocho siglos antes de Cristo, de manera atemporal. Si el espacio es claramente marítimo, la ubicación en el tiempo no lo es, jugando con el choque de túnicas griegas y la presencia de alambrados, hormigón, tintero de vidrio y una radio, mientras la música de Gustave Fauré choca con el electropunk de Blumone, constituyendo todas señales de la atemporalidad o la eternidad del drama.

1.048 lunas es una rara avis, en momentos de sobre estimulación visual. Un film delicado, lírico y sintético para amantes del arquetipo.


* Distintos directores europeos fueron cautivados por la figura de Juana de Arco, quien constituye uno de los más grandes mitos de la historia de Francia. El danés Carl Dreyer encabeza la lista con la colaboración de Antonin Artaud. Le seguirán Robert Bresson, Jerzy Kawalerowicz, hasta Luc Besson y otros. Bruno Dumont –quen ha atravesado diversos géneros y en cuyo cine el elemento religioso siempre es importante- cae también bajo su atractivo y -como no podía ser de otra manera- le imprime un sello personal, convirtiendo esa historia en algo diferente, excepcional. Jeannette, la infancia de Juana de Arco toma el despertar místico de la heroína antes de sus diez años, y lo hace mediante la fórmula del musical.

Entre médanos junto al río donde cuida sus ovejas, en un rústico paraje del Norte de Francia donde siempre filma Dumont, la niña reflexiona sobre los horrores de la guerra, que produce un sufrimiento que ella, en toda su bondad, no puede curar. Jeannette lamenta el dolor humano y también la invasión que sufre Francia por las tropas británicas. Así, guerra política y religión, espada y cruz, se ven intrínsecamente ligadas en la figura de la niña. El film cobra una dimensión contemporánea en vista de las invasiones y ocupaciones y el estado de guerra que hoy vive el planeta.

Como es habitual, sus actores no son profesionales con experiencia: la niña Lise Leplat Prudhomme sale airosa en este tour de force que implica la meditación religiosa en forma de canto moderno y baile, por añadidura, en una verdadera ópera rock. Hay números que resultan muy logrados, como la danza que comparte con una monja desdoblada en dos gemelas, casi alucinante, y las coreografías hilarantes de su tío (el rapero Nicolas Leclaire) quien la apoya en su misión. Por supuesto, tampoco están ausentes las visiones que la niña posee de los santos que se le presentan entre los árboles.

Años después Jeanne (Jeanne Voisin) continúa en ese mismo sitio, que siempre ha constituido su hábitat, y su pasión ha madurado: ha tenido más visiones místicas y una voz interior la ha decidido a devenir el adalid que guiará a su pueblo sometido a liberarse del yugo extranjero.

Si bien el recurso musical es demasiado reiterado -con el heavy metal de Igorrr, mucha percusión y hasta hip hop- toda la puesta y coreografía del film resultan una serie de actos rituales que combinan el clima contemporáneo con esta historia del siglo XV. Bruno Dumont demuestra una vez más mantenerse al margen de toda moda o encasillamiento. También decide reconvertir el mito. Esperamos una continuación sobre la saga de esta mujer que liberó a Francia del invasor y fue condenada por loca y herética debido a su condición femenina.


* As boas maneiras, creación de los jóvenes brasileros Juliana Rojas y Marco Dutra, tuvo premio en Locarno y ahora recorre el circuito de festivales. Curioso film que sabe cruzar géneros y sorprender al espectador. Con una estética de cuento de hadas, su primera parte tiene dos protagonistas casi exclusivas: una mujer joven y embarazada que vive sola en un ambiente lujoso e irreal, y su empleada doméstica, una enfermera negra y lesbiana (Isabél Zuaa). Entre ambas se entabla una relación que trasciende lo laboral y las diferencias sociales. Paulatinamente se va develando una misteriosa conducta en la futura madre, quien en las noches de luna llena debe satisfacer un voraz deseo de consumir carne cruda. Tras una elipsis, en la segunda parte se produce un cambio de tono y de clima, y vemos a la mujer negra años más tarde, criando al hijo de la otra al otro lado del río, es decir, en la zona pobre de la ciudad.

As boas maneiras entra en el terreno de lo fantástico y el terror para actualizar el mito primario y carnal del lobizón en el mundo contemporáneo sin caer en los lugares comunes del tema de la licantropía, ya abordado por el cine, y constituye también un delicado equilibrio entre la fábula y el cuadro social sutil sobre la diferencia y marginalidad. La música ilustra en cada momento la acción y no falta el coro griego, que en un momento advierte lo que ocurre.

La fotografía de Rui Poças (fotógrafo de Zama) logra una imagen exquisita, no solo de esa San Pablo hiper moderna y feérica, iluminada y colorida como nunca antes, sino también en los ambientes modestos donde se cría el muchacho. Esta bella fábula demuestra que el encuentro de ambas zonas, ambas clases, es posible sólo a través del sufrimiento y sobre todo, del sacrificio. En una Competencia Internacional algo decaída, este film debió conformarse con una segunda mención, detrás del convencional A Tiger in Winter.

Estas películas protagonizadas por mujeres no son todas las que abordan el tema mitológico, está también el barroco de Teo Hernández para trazar la historia de Salomé, y otras en que los mitos son evocados tangencialmente, más como creadores del arquetipo, pero todas ellas demuestran la vigencia del mito en nuestros días.

22 de abril de 2018

Bafici 2018, 4ª nota

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A manera de balance y sobre los premios

Josefina Sartora


El vigésimo Bafici termina con la consagración de La flor, enorme película de Mariano Llinás que ganó la Competencia Internacional. En 2008, Llinás había presentado en el Bafici Historias extraordinarias, una película de cuatro horas que había asombrado por su verborragia, por la facilidad para contar historias varias que se bifurcaban, abrían a diversas direcciones explorando el territorio de la provincia de Buenos Aires. Diez años después, presenta La flor, que elaboró durante todo el tiempo transcurrido desde aquel estreno. Esta nueva película dura 840 minutos, es decir catorce horas, un record en el cine argentino. Nuevamente, se trata de infinidad de historias y personajes, narradas con una fluidez admirable, que podrían constituir varias películas en una. Sin embargo, Llinás sostiene que esto es una unidad, y ni siquiera una serie. Estructurada en tres partes principales, la primera había sido presentada en el último Festival de Mar del Plata, y ahora se completa.

Las historias base de este film desmesurado se bifurcan y atraviesan varios géneros: melodrama, espionaje, thriller, homenajes al cine clásico con guiños cinéfilos, el fantástico, el musical, el western, en fin, una película que proclama su amor al cine en todas sus formas. Hay momentos muy logrados, como la larga historia de la segunda parte, con su grupo de espías internacionales, todas dobladas a distintos idiomas: el francés sobre todo, pero también el inglés, el sueco y el ruso, historia que contiene en sí otras incluidas. Es también notable el lúdico homenaje a Une partie de campagne de Jean Renoir pero también a Manet y su Déjeuner sur l’herbe: un segmento en blanco y negro, sin sonido, en que lo bucólico se traslada a nuestras pampas con gauchos y turistas incluidos.


La flor es puro Llinás, sí, pero también fruto de su colaboración con el grupo Piel de Lava, que conforman las actrices Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar  Gamboa y Laura Paredes, pareja de Llinás. Ellas tienen a su cargo los –muchos- roles principales, ellas han participado de la producción del film desde el principio, y se pone en escena su derecho a discutir las decisiones de filmación. (Las cuatro ganaron también el premio a la mejor actriz en la Competencia Internacional.) El último episodio, que ellas protagonizan, es una versión contemporánea del tema de la cautiva con la historia de Sarah Evans, filmada con una imagen texturada, muy pictórica. Pero el segmento más emocionante es el retrato de cada una de ellas que cierra uno de los capítulos: un canto de amor del director a sus actrices.

Merecido premio para La flor, pero resulta inevitable una reflexión sobre los criterios: la selección de la Competencia Internacional fue absolutamente despareja. ¿Cómo puede competir este film enorme con una película pequeña aunque delicada como 1048 lunas, o de poco alcance como A Tiger in Winter o Female Human Animal? Esta es una de las muchas preguntas que deja este vigésimo Bafici, que demostró que año a año el Festival va perdiendo en gran medida el ángel que supo tener hace tiempo, el espíritu de búsqueda, de investigación y riesgo. La prueba está en que se ha premiado lo que sobresale como lo más arriesgado: La flor en Competencia Internacional, y en la Competencia Argentina con toda justicia Las hijas del fuego de Albertina Carri (ya nos ocupamos de este film anteriormente) y –capítulo aparte- Teatro de guerra de Lola Arias.


Opera prima de una artista polifacética, Teatro de guerra es un experimento de teatro filmado que Lola Arias llevó a cabo con veteranos de la guerra de Malvinas. ¿Cómo filmar la guerra en un estudio? De a pares o en grupos, los ex combatientes evocan sus experiencias dialogando o actualizando sus acciones pasadas, en un constante juego conceptual que pone en evidencia el artificio. Los recursos son variados: diálogos, representaciones, máscaras, objetos, en una dialéctica en la que los británicos siempre son superiores. O porque sabían hacer la guerra, o porque la ganaron, o porque son imperiales. El film es frío, evita constantemente conectar con la emoción, y a mi juicio, el recurso no funciona. Sin embargo, no deja de ser una investigación válida, si bien creo que se queda en el experimento.


En la Competencia de Vanguardia y Género (¿son necesarias tantas competencias? ¿No va la cantidad en desmedro de la calidad?) el premio fue para The Image You Missed, documental de Donal Foreman, una reflexión sobre cómo filmar el conflicto de Irlanda, su país de origen. El padre del realizador era también un documentalista –Arthur MacCaig-, quien filmó el conflicto en Irlanda del Norte en varias oportunidades. Allí dejó un hijo que años más tarde intenta recuperar la figura del padre junto al rescate de imágenes que aquel filmó, al tiempo que en este film-ensayo autobiográfico reflexiona sobre el poder de la imagen. Antes una imagen servía; ahora es el fracaso de las imágenes, dice el film.

Esto no es todo, seguirán otras notas sobre películas interesantes, pero no quiero dejar de resaltar una observación: el corto institucional del vigésimo Bafici –y no del “veinte Bafici” como dice el mismo- constituye el peor detalle que deja este Festival. Realizado por algún grupo de publicistas que no saben lo que es el Bafici, quienes seguramente nunca han participado del mismo, enumera una sarta de lugares comunes que nada tiene que ver con la imagen que muestran ni con la esencia del Bafici. ¿Qué tiene que ver ese corto con el Bafici, o con el cine mismo? El locutor encarna el mismo espíritu del publicitario “en todo estás vos” con voz estentórea falsamente entusiasta. Muy lejos están los días en que eran cineastas argentinos quienes realizaban verdaderas obras cinematográficas para presentar el Festival. Esto es parte del ángel que se ha perdido.

21 de abril de 2018

Bafici 2018. Una mujer de importancia


Mujer nómade
Dirección y guión: Martín Farina
Argentina/2018

Josefina Sartora


Este documental surgió a partir de una pregunta: ¿cómo atraviesa la filosofía un cuerpo? Martín Farina, estudiante de filosofía, supo ver en la filósofa Esther Díaz el personaje para un documental, y sacó lo mejor que pudo de ella. Díaz es una reconocida profesional que ha indagado en las posibilidades del pacer y el goce de los cuerpos en nuestra cultura, a partir de su doctorado en Foucault y estudios sobre Deleuze, Spinoza y los griegos.

Pero no es este un documental conceptual, sino el retrato íntimo y respetuoso de una mujer que lucha contra los mandatos de una cultura patriarcal represiva. Un documental excelente, que presenta en sucesivas capas superpuestas a su protagonista bajo distintos aspectos: en la intimidad, con toda su coquetería, sus operativos técnicos de embellecimiento y rejuvenecimiento plástico, su elección del guardarropas, su peinado y maquillaje, pero también sus pérdidas, sus tragedias familiares, sus carencias afectivas.

Porque la mujer nómade, a partir de las teorías de Deleuze, puede devenir cualquier otra cosa. Múltiple, en todo caso, como lo es Esther Díaz, decidida a liberar a su cuerpo de las ataduras culturales, y vivir el placer. Díaz promueve la erotización del todo el cuerpo; en su caso, con hombres jóvenes, en lo posible.

Vemos también su trayectoria académica, los múltiples libros que ha publicado, su búsqueda en el teatro, el dominio de escena que ha logrado en la cátedra. Pero lo más impactante sucede cuando esta mujer tan clara, tan precisa y contundente, aparentemente tan potente, presenta su otra cara, se quiebra y muestra su lado oscuro, dolido, su desesperación. Y deviene otra.